viernes, 24 de octubre de 2014

China o Taiwán: ¿con cuál me quedo?

Anoche me encontré a una amiga china que conozco desde que empecé a estudiar chino en primero de carrera, su padre tenía un bebé precioso y empecé a hablarle en chino. Me preguntó que si había estado en China y le dije que dos años en Shanghái y que un mes en Taipéi, entonces me preguntó: ¿qué ciudad te ha gustado más? CHAN-CHAN Tuve que decirle que aunque Shanghái me encantaba me quedaba con Taipéi. Para mi sorpresa ella coincidió conmigo en que Taipéi era mejor para vivir, más tranquilo y moderno. Me quedé un poco sorprendida porque como china pensé que elegiría Shanghái, aunque una vez meditado, me di cuenta que probablemente para ella Taiwán es tan China como Shanghái. Aun así, me pareció un punto de vista bastante abierto ya que como es natural los chinos están muy orgullosos de Shanghái y Beijing, metrópolis estandartes del desarrollo del país. Me apuesto a que mucho cambiaría la cosa si le preguntar a un taiwanés. Pero esto no viene a cuento, y yo venía aquí a contaros por qué prefiero Taiwán.

¿China o Taiwán? Busca las diferencias. ;)

Todo tiene sus pros y sus contras, uno no puede comparar la inmensidad de China con la de una pequeña isla de 36200 kilómetros cuadrados de superficie. Como es natural, en Shanghái solo tenemos que montarnos en un tren para viajar a miles de millones de sitios de gran interés turístico. Taiwán nunca tendrá unas Montañas Amarillas o un Yangshuo. De todas maneras, a su escala, Taiwán cuenta con una gran diversidad de paisajes. Y algo que me gusta mucho: playas. En Shanghái, para escaparse a la playa hay que viajar bastante, aunque seamos poco quisquillosos con la calidad de la playa, como mínimo un viaje de 5 o 6 horas es necesario. En Taipéi, te coges el metro y en un rato estás en una magnífica playa de agua templada. Otro gran pro de Taipéi que sigue estando relacionado con la naturaleza es que, de nuevo, es que si estás en Shanghái y quieres escaparte al campo no te vale con echar a andar, sin embargo con Taipéi en un golpe de metro o bus ya estás en mitad de una montaña.

La siguiente diferencia que me hace inclinarme por Taipéi es el tamaño de la ciudad. Esto depende del gusto de cada uno, pero si no te gustan las grandes ciudades siempre coincidirás conmigo en que Taipéi es una ciudad mejor. Este verano en la NTU, estábamos a tres o cuatro paradas de cualquier sitio, algo impensable en Shanghái, donde al mudarme a la otra esquina de la ciudad tuve que dejar de ver a mis amigos porque tardaba más de 45 minutos en llegar a su zona.

Sin embargo, para mí, la gran diferencia es el carácter de la gente. Quizás sea porque me moví en ambientes universitarios y que la gente estaba más predispuesta a conocer extranjeros, pero me encontré mucho más aceptada y bienvenida en Taiwán. No es que en Shanghái me sintiera odiada, es más bien que allí eres otro laowai, no les interesa conocerte, o les da miedo, prefieren vivir en su círculo de amigos chinos y dejarse de aventuras internacionales.

Por supuesto, puedo nombrar otras diferencias como la comidamucho más abundante y variada en Taipei que en Shanghai, la limpiezamás quisiera Shanghái tener esos niveles de higiene en las callesy el civismose nota que Taiwán es un país más desarrollado en cuanto a modales y seguimiento de las normas. ¡Ah! Y por supuesto, la calidad del aire es muchísimo mejor en Taiwán que en muchas ciudades chinas.

¿Me arrepiento de haber vivido en China dos años? Absolutamente no, la experiencias que viví allí son inolvidables y los amigos de los mejores que he hecho en mi vida. ¿Volvería? Yes I would. Me metería en el más sucio de los pequines si hiciera falta. Pero, si pudiera decidir, creo que ha quedado bastante claro con qué país me quedaría.


你呢?
¿Has conocido ambos lugares? ¿Con cuál te quedarías?


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martes, 30 de septiembre de 2014

Entrevista a Alicia Relinque Eleta en el Día del Traductor


El día 30 de septiembre del año 420 murió en Belén Jerónimo de Estridón, San Jerónimo para los cristianos, traductor de la Biblia del griego y el hebreo al latín, y patrón de los traductores. Su versión de la Biblia, la Vulgata, se convirtió en el libro más leído de la humanidad. Por pasar a la historia con esta gran hazaña debajo del brazo, se le eligió como patrón de una profesión que la gran mayoría de las veces pasa desapercibida, pero sin la que, sin embargo, no podríamos vivir. Y no exagero, como bien dijo Scheherezade Surià el año pasado por estas fechas en su blog En la Luna de Babel, la traducción salva vidas, resuelve casos, fomenta la economía y, como no, hace accesible la literatura y acerca culturas lejanas.


Una experta en acercar culturas lejanas es Alicia Relinque Eleta: docente, investigadora y traductora de chino. Una de las pocas traductoras juradas de chino de toda España, ha traducido a autores como Wang Shifu, Guan Hanqing, Liu Xie, Ji Junxiang, Zhai Yongming o Du Fu. Es doctora por la Universidad de Granada (tesis: Hacia una poética china clásica. El corazón de la literatura y el cincelado de dragones), donde desde 1994 imparte asignaturas como Teoría de la Literatura, Teoría y Crítica de la Literatura en China, Literatura China y Literatura Comparada y Estudio de Género: imágenes de mujeres en la literatura china. Podría seguir ampliando la lista de méritos, sin embargo, creo que es de mayor importancia remarcar la dulzura y simpatía de Alicia. Cualquiera que la conozca estará de acuerdo conmigo. Es una profesora querida por todos, que derrocha naturalidad, y que siempre está dispuesta a ayudar a los demás. Hoy, ha accedido a concederme una entrevista con la que he querido presentaros a toda una profesional de la traducción y, así, aunque sea por un día, hacer un poco más visible esta preciosa profesión.




Por lo que he podido ver en tu currículo estudiaste Lenguas y Civilizaciones Orientales en París ¿Por qué comenzaste a interesarte por oriente?


En realidad, comencé a estudiar Derecho y chino al mismo tiempo (en 1977). Mi interés no era tanto “oriente” como China, y más concretamente, el chino. Mi intención entonces era entrar en la carrera diplomática (craso error para alguien con mi carácter), y la carrera de Derecho daba una formación muy completa. Yo había estudiado francés desde siempre, y me matriculé en la Escuela de Idiomas de Madrid para estudiar, además, inglés, alemán y chino. La elección del chino se debía a que supuse que era una lengua que conocía poca gente en España y que, además, en Asia Oriental era una lengua de referencia. Y aunque estuve durante años compaginando el derecho y las clases de idiomas, desde el primer día el chino me enamoró. De hecho, era a lo que más horas de estudio le dedicaba. Jamás me quedé una noche para preparar un examen de Derecho, pero con el chino podían darme las tres y las cuatro de la mañana, y no sentía cansancio ni aburrimiento. Era una especie de fiebre por estudiar más, por aprender más esta maravillosa lengua.

Cuando terminé la licenciatura en Derecho, mi intención era ir a China con una beca. La pedí pero me la denegaron, así que tuve que buscar una alternativa. En Madrid ya había cursado todo lo que se podía estudiar de chino (la escuela de idiomas, clases particulares de chino, un curso que se abrió de lengua en la Universidad Autónoma de Madrid), ya no podía avanzar más en Madrid. Sabía que en Francia había buenas universidades que impartían chino, así que escribí a varias de ellas y la que me aceptó fue París 7 Jussieu. Así que me fui allí esperando que al año siguiente me concedieran la beca para ir a China. En París tuve que compaginar el trabajo en un hotel, en la cafetería y limpiando habitaciones, con los estudios para poder pagarme mi estancia, pero mereció la pena. Allí entré ya en contacto con magníficos profesores y comencé a estudiar otras materias aparte de la lengua.

Esta pregunta no podía faltar: ¿cuánto tardaste en aprender chino?


Creo que no puedo utilizar el verbo en pretérito indefinido. Todavía hoy siento que estoy en el proceso, después de casi 40 años.

¿Cómo entraste en el mundo de la traducción?


Con toda naturalidad, creo. Durante mis estudios en la EOI de Madrid, la profesora Feng Zhumei –a quien no podré agradecerle nunca toda su generosidad y sabiduría- nos enseñó unos poemas de la dinastía Tang. Me parecieron bellísimos y me dolía que en España poca gente supiera de ellos. Fue entonces cuando decidí convertirme en profesora de literatura china, para aprender y enseñarla. Y desde siempre pensé en la traducción como un aspecto esencial en el aprendizaje y la enseñanza de la literatura china. Luego fueron llegando las cosas: para mi tesis doctoral elegí trabajar con El corazón de la literatura y el cincelado de dragones de Liu Xie (s. V). En principio era un estudio del texto, pero para conocerlo bien, tenía que comprenderlo bien, y en ese proceso, me di cuenta de que yo misma iba traduciendo para mí. Después, cuando entré en la universidad, necesitaba proporcionarle a los alumnos más material traducido. Y así seguí.

¿Crees que tu formación en Derecho te sirvió para convertirte posteriormente en traductora jurado de chino?


Como carrera, creo que Derecho es de las especialidades más completas: proporciona no sólo formación jurídica, sino también se adquieren conocimientos de historia, política, administración, conocimientos lingüísticos (para poder argumentar a favor o en contra de una norma concreta…). Siempre me he alegrado de haber estudiado derecho. Y a la hora de elaborar escritos jurídicos, el dominio de ese lenguaje específico es una ventaja. Como traductora jurado de chino, tuve que desenvolverme en juzgados, notarías, redactar escritos mercantiles… Sí, sin duda, mi formación de Derecho me ha ayudado mucho.

Durante varios años fuiste traductora de películas chinas, ¿nos podrías contar algo de esa experiencia?


Al año de llegar a Pekín, tuve la suerte de que se pusiera en contacto conmigo la Corporación Nacional de Películas Chinas. Necesitaban lo que entonces llamaban “un experto de español”, alguien nativo que puliera las traducciones que ya habían realizado traductores que tenía la corporación. Normalmente los expertos no sabían chino, pero como yo sí lo hacía la colaboración con los tres traductores que allí trabajaban fue fantástica. La profesora Yang, el señor Chen y Ouyang Xue se convirtieron en grandes amigos. Para mí fue, por una parte, una escuela magnífica de aprendizaje –la traducción era para subtitulación, así que teníamos que traducir y condensar el texto-, además de la ocasión de conocer –y experimentar- de primera mano el mundo laboral chino. Entraba a las 8,00 y salía a las 17,00 de la tarde: a las 10,00 de la mañana hacíamos un pequeño descanso para hacer gimnasia, a las 12,00 comíamos en el comedor de la empresa, después antes de volver al trabajo un poco de baloncesto en un patio que allí tenían; por otra parte, a veces discutíamos con “el jefe”…. Me hizo sentir una más.


Has traducido literatura china, como la novela Jin Ping Mei en verso y en prosa, de El Erudito de las Carcajadas. ¿Cuál es el libro que has disfrutado más traduciendo? ¿Qué dificultades encuentras al traducir del chino?


Sin duda, Jin Ping Mei es la traducción que más he disfrutado –y sufrido-. El sufrimiento vino derivado, primero, de su duración en el tiempo. Fueron seis años, de los cuales los tres últimos tuvieron una intensidad casi enfermiza –me levantaba a las 5,45 de la mañana para poder estar sentada en el ordenador a las 6,00, paraba apenas para comer y hasta las 0,30 de la noche no me retiraba a dormir, todos los días de la semana, todos los días del año –esos años sólo me tomé de vacaciones del 23 al 25 de diciembre-. Tuve suerte de que entonces no tenía una gran carga docente, así que excepto las pocas horas que le dediqué en ese tiempo a la docencia, mi única tarea –podría decir que mi única vida-era la novela. Por otra el sufrimiento llegó por su dificultad. La novela está escrita en una mezcla de registros, recoge poemas, escritos jurídicos, recetas de los platos más sorprendentes, tratamientos médicos, un lenguaje culto, pero, sobre todo, un lenguaje coloquial –pero coloquial del siglo XVI- y con modismos locales de regiones sureñas, que había que trasladar a la versión en español. A lo largo de la obra aparecen caracteres que no están registrados en ningún diccionario, sólo la consulta de estudios específicos sobre esos “caracteres inexistentes” realizados en China (tuve la suerte de que a partir de principios del siglo XXI en China ha habido mucha investigación sobre la novela) me permitió comprender qué significaba. Hubo momentos en que estuve a punto de rendirme porque, realmente, no entendía qué significaba alguna frase. Un buen consejo de una amiga, la magnífica traductora Anne-Hélène Suárez, me sirvió muchísimo “Déjalo descansar una semana, luego lo verás”… Y funcionaba. Por otra parte, la magnífica factura de la novela -apasionante como pocas para comprender la naturaleza humana-, añadido al hecho de haber sido capaz de superar todas las dificultades que presentaba, me hacen sentirme muy orgullosa de ese trabajo.

Las dificultades de aquella traducción se pueden resumir en una palabra: “todas”

Actualmente trabajas en el Departamento de Lingüística General y Teoría de la Literatura de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada, donde impartes Teoría y Literatura china, entre otras asignaturas. ¿Disfrutas más la traducción o la investigación y la docencia?


Me encanta la docencia, disfruto y aprendo dando clase. Pero si pudiera vivir de la traducción, sin duda lo haría. Y una pequeña corrección al enunciado de tu pregunta, es verdad que la docencia y la investigación van de la mano; pero también que la traducción y la investigación lo hacen igualmente. Y en el caso de la literatura clásica, que es a lo que yo me dedico, aún más. Te pondré un ejemplo: en el capítulo 88 de Jin Ping Mei aparece el carácter 槍 (qiang). El significado del carácter es un arma de cañón alargado que dispara proyectiles, en resumen, un “fusil”, un “trabuco”. Naturalmente, hablando de un texto compuesto en China a finales del siglo XVI se plantea la duda de si ése será realmente su significado, puesto que la incorporación de este tipo de armas se realizó en Asia Oriental a través de los viajeros europeos (comerciantes, militares, misioneros). Era imprescindible conocer la fecha concreta de llegada de las armas de fuego a China –sobre todo en una novela como Jin Ping Mei cuya datación es incierta todavía-. Consulté libros de historia de las armas de fuego que indicaban que hasta mediados del siglo XVII no habían llegado las armas a China. Seguro que eso no podía ser, porque por muy tardía que fuera la redacción de Jin Ping Mei, hay constatación de su circulación en la segunda década del XVII. O es que el carácter había que traducirlo de otra manera, o bien debía encontrar alguna otra fuente de información. Por fin, en la Biblioteca de la Universidad de Pekín encontré un manuscrito de la 1560 en el que se reproducían ilustraciones de armas llevadas por occidentales a China, y claramente allí aparecía la imagen de un trabuco. Solo el rastreo de aquel carácter –un único carácter- me llevó dos semanas (la novela tiene diez millones de caracteres, más o menos).

¿Qué opinas sobre la situación actual de la traducción del chino en España?


Primero decir que en España tenemos algunos grandísimos traductores de textos clásicos: Laureano Ramírez, Anne-Hélène Suárez, Albert Galvany Iñaki Preciado, etc. Pero, por otra parte, el territorio de la traducción del chino se presta especialmente a que se traduzca de cualquier manera, “…como es chino”. Lamentablemente, en el caso de la literatura china, sobre todo clásica, un alto porcentaje de las traducciones no llegan ni siquiera a un nivel mínimo de rigor.

¿Algún consejo para la gente que quiere aprender chino? ¿Y para los que queremos dedicarnos a la traducción profesional de chino?


Primero, decirles que el chino es una lengua maravillosa, pero que requiere mucho esfuerzo. Hay que estudiar, estudiar y estudiar, y después, estudiar, estudiar y estudiar. Una vez una alumna me dijo que a ella le gustaba traducir chino, pero que no le gustaba estudiar chino. Yo no dí crédito a aquellas palabras. No se puede traducir chino si no se hincan muchos codos. Es una lengua compleja, con registros muy diferentes, que exigen un esfuerzo enorme. Por otra parte, es imprescindible leer mucho en español (o en la lengua a la que traduzcamos). Leer y leer. Si alguien pretende traducir literatura, y no conoce los recursos estilísticos y retóricos de su propia lengua, no llegará muy lejos. El español, en nuestro caso, es también una lengua hermosísima, que hay que conocer bien.

La traducción es una cuestión de tiempo, para hacer bien una traducción hay que invertir muchas horas de estudio, muchas horas de análisis, muchas horas de redacción y muchísimas horas de revisión. Son malos tiempos para esto –son malos tiempos para la lírica-, pero sin un tiempo de maduración no se consiguen resultados decentes.

Y lo más importante de todo, hay que ser honestos, hay que ser honrados, con el texto y con los lectores.




Quiero agradecer a Alicia el tiempo que le ha dedicado a esta entrevista y por sus magníficas respuestas, también por su comprensión ante una entrevistadora novata como yo. Si hasta ahora pensaba que eras una profesora y persona excepcional ahora me quito el sombrero ante tu gran dedicación por esta profesión. ¡Gracias!

viernes, 19 de septiembre de 2014

National Taiwan University: te pierdes o te pierdes


La primera actividad que realizamos en grupo fue una visita guiada al campus de la NTU. Esta visita, que sirvió para que conociéramos el campus superficialmente, no nos previno de perdernos repetidas veces a lo largo del curso. Para que os hagáis una idea de lo grande que es el campus pensad que se puede tardar entre 15 a 30 minutos (si te pierdes) en ir de una punta a otra del campus.

El meeting point fue el 7-11 de al lado de la residencia. En la NTU hay dos residencias, la de 水源, que es en la que estábamos los estudiantes de los cursos verano y otros estudiantes taiwaneses, y otra que está un poco más cerca del campus (Isma se acordará de cómo se llama, ¡manifiéstate, Isma!). El 7-11 de la esquina del campus era una maravilla. 

Street view del 7-11
Bueno, realmente casi todos los 7-11 de Taiwán lo son, y la razón de mi fanatismo por estos establecimientos es que, casi más que supermercados, son bares. El nuestro en cuestión tenía dentro una amplia zona de mesas en las que te podías sentar a comperte (y beberte) cualquier cosa que te hubieras comprado dentro. Y si me apuras, te podías sentar a comerte cualquier cosa. Punto. No contentos con ofrecerte un bar a precio de costo tenían wifi gratis, baños y Bear Beer (cerveza con un volumen de alcohol de 7%). En serio, ¿qué más puede pedir un estudiante cortito de presupuesto? Más de una noche y de dos pasamos en el 7-11 de 水源, que por cierto, es 24 horas.

Si no se te ocurre un nombre para tu cerveza, la llamas The Beer y tan pancho.
Después de 10 minutos andando llegamos a la entrada de Universidad Nacional de Taiwán aka NTU.

¿Estoy en el Caribe?

Lo cierto es que el clima de Taiwán es tropical y subtropical, (el Trópico de Cáncer pasa por encima), de ahí la palmeras que recuerdan a las playas tropicales del Caribe. Las constantes lluvias hacen que la vegetación crezca por todas partes y que la humedad llegue a niveles insospechados (al menos para mí antes de llegar allí).

Poco recuerdo del paseo por la NTU, creo que estábamos más concentrados en conocernos y en descubrir cuál iba a ser el edificio dónde daríamos clase, que en conocer los puntos históricos del campus. Mis recuerdos pasan por un puesto de gofres, un supermercado, una papelería y... eso sí, la campana Fu.

Emblema de la NTU.


Yo me suponía que por ser parte del emblema de la universidad la campana tendría unas buenas dimensiones, la verdad es que me llevé una pequeña desilusión cuando la vi, ya que además estaba un poco escondida en una esquina del bulevar de las palmeras.

Aquí la campana en su máximo esplendor. Foto de Steven Yang.

Aquí con proporciones reales.
La campana Fu debe su nombre al presidente Ssu-nien Fu (1996- 1950), un famoso educador y lingüista chino y uno de los líderes del Movimiento del Cuatro de Mayo. Después de ser parte del Movimiento, Fu se marchó a Europa a realizar diferentes estudios y después de 6 años recibió una invitación de la Universidad de Sun Yat-sen para ejercer como profesor de humanidades. En esta universidad fundó el Instituto de Historia y Filología (IHF) y la Academia Sínica. En 1930 se llevó el IHF a Pekín y en 1948 se convirtió en el decano de la Universidad de Pekín. Durante sus años como decano siempre mostró su desacuerdo con la invasión japonesa y tas ser testigo del deterioro de la economía y supongo que de los difíciles momentos de la guerra civil, Fu intentó suicidarse. Fu se marcha a Taiwán a principios de 1949 y en febrero lo nombran presidente de la NTU. Desgraciadamente, murió en 1950 por hipertensión. ¡Qué vida! La campana lleva su nombre para recordar la dedicación que puso en el desarrollo de la universidad y sus estudiantes. 

FUN FACT: la campana solo suena 21 veces ya que Fu Ssu-nian creía que sólo había 21 horas al día y que las demás debían ser usadas tan solo como contemplación.

Después del paseo tuvo lugar la presentación formal del curso, donde nos explicaron cómo iban a ser las clases, las excursiones y las actividades. También se presentaron todos los asistentes, profesores y mandamases y nos asignaron compañeros para el trabajo final de traducción de subtítulos. Mi compañera de proyecto fue Rebecca (abajo, la chica con gorra rosa agachada en la primera fila) una estadounidense sureña encantadora.

La obligada foto de grupo, ¡todos muy guapetones! Foto de Steven Yang.
Después de la presentación del curso, por fin, nos fuimos a comer. Volver a comer comida china fue fantástico, pero sin duda lo mejor fueron los zumos de sandía y piña helados que nos sirvieron, nunca he probado unos zumos más ricos en vida. También fue una buena oportunidad para ir conociéndonos.


Pero el broche de oro del día no había llegado todavía... 

Por si no habíamos comido suficiente no llevaron a tomar un postre. EL POSTRE taiwanés por antonomasia. Hielo rallado con fruta (o judías rojas) y leche condensada.


Foto de anuncio hecha por Steven Yang.
 Y con esta magnífica foto me despido hasta el próximo capítulo. :)


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lunes, 15 de septiembre de 2014

Taiwán: empecemos por el principio.

Ahora que empieza la vuelta al cole por fin tengo tiempo para sentarme tranquila a escribir y a recordar las cinco semanas que he pasado en Taiwán. Os ruego que me perdonéis la ausencia. Entre las clases del curso, algunos encargos de traducción, las excursiones y las salidas nocturnas me quedaba poca energía para escribir en el blog. Lo cierto es que probablemente podría haber sacado tiempo, pero los días fueron pasando y al final dejé el blog abandonado. Lo siento porque anuncié a bombo y platillo que que me iba a Taiwán y os merecíais algún update de vez en cuando. 抱歉, ¡no os merezco! Otra de las razones por las que no me he sentado antes a escribir es por que me resulta difícil decidir por dónde empezar. Hay tanto de lo que quiero hablar... el curso, los caracteres tradicionales, las excursiones, la gente que he conocido, mi nivel de motivación actual con el chino... En fin, después de mucho pensar he decidido que lo importante es meterle mano al asunto y ya irán saliendo entradas, que al fin y al cabo este blog nunca ha sido una cosa muy planeada y siempre voy escribiendo e investigando sobre lo que me apetece. Además de disculparme quería daros las gracias por haber estado ahí este verano, por comentar en las fotos que subí a Facebook, por dejar comentarios en las entradas y por leerme. De verdad, me emociona mucho saber que hay gente que está ahí leyendo mis tonterías. 

Así que después de este rollazo melodramático que me he marcado... iré al grano y como no se me ocurre otra manera mejor de empezar... lo haré por el principio.


Taipei 101 desde Elephant Mountain. Fotografía de Stefanie Doolittle.


Recuerdo que llegué al aeropuerto por la tarde, no me podía quitar la sonrisa de la cara, por fin había llegado a Taiwán. Los primeros carteles en chino me saludaban por los pasillos del aeropuerto y las caras con rasgos asiáticos eran la mayoría. Después de esperar un poco a que llegaran mis maletas salí por la puerta y me encontré a Esther y Franzi, que estaban esperándome. Ellas fueron dos de las TA (asistentes de estudiantes) con las que más relación tuve luego. Nada más llegar me acogieron con los brazos abiertos y caras sonrientes, a pesar de que habían pasado el día entero en el aeropuerto recogiendo a estudiantes. Cuando Esther se enteró de que era española empezó a dar saltos de alegría (literal), había estudiado español un par de años y ahora estaba muy contenta de poder practicar conmigo, también me dijo que a partir de ahora podía llamarla Estrella, su nombre español. 

Estrella, Antonio, Franzi y yo.
Yo ya estaba deseando que me llevaran a la National Taiwan University (NTU) para ver la que iba a ser mi casa durante las cinco semanas próximas, pero todavía teníamos que esperar a que llegaran un par de personas más. Mientras tanto, fuimos a sacar dinero y a buscar una tarjeta SIM para el móvil. Me llamó la atención que se pudieran comprar planes por meses e incluso semanas, al final elegimos 中華電信, una de las más famosas y con mejor cobertura. El plan que compramos tenía incluido Internet ilimitado (¡guau!) y nosecuantísimos minutos, todo por 20 euros aproximadamente. En esto que llega un estudiante más. Nada más verlo llegar pensé, uy uy uy, este parece español. EN EFECTO. Español que te crió, mi sueño de ser la única española del curso se iba al garete. Nos pusimos a charlar y al momento nos dimos cuenta de que había mucha similitudes entre nosotros. Antonio no solo era español, era andaluz, y no solo era andaluz, era de Antequera ¡el pueblo de mi madre! Además, al igual que yo había estudiando en Granada. La cosa se puso graciosa cuando me dijo había estado en Shanghái (como yo), pero el remate fue enterarnos que había estado durante el mismo año allí y en la misma universidad (Tongji University). ¡Qué pequeño es el mundillo del chino! De mi mosqueo por no ser la única española poco quedaba ya, además Antonio parecía majo y tampoco me venía mal tener alguien con quien hablar español de vez en cuando. Tuvimos que esperar un buen rato más a que apareciera el tercer estudiante, esta vez resultó ser una chica, adivina de dónde, ¡ESPAÑOLA! En fin, yo ya me di por resignada y me alegré porque la nueva española, Irene, también parecía simpatiquísima (que por cierto también es traductora como yo y tenemos contactos en común, wtf!). 

Una vez que estuvimos todos reunidos nos fuimos en búsqueda del autobús que nos iba a llevar a la NTU y después de tirarnos un buen rato tirando de los maletones de un lado para el otro lo encontramos y nos fuimos rumbo Taipéi. El trayecto desde Taoyuan International Airport hasta Taipéi fue de unos 45 minutos. Llegamos a la capital taiwanesa por una autovía elevada de igual aspecto a las de Shanghái, había anochecido y en ese momento el cansancio y el jet lag me pudieron. ¡Había vuelto! Fue uno de los momentos más emotivos que viví en Taiwán. Era de noche, los neones multicolores con caracteres chinos brillaban por doquier, había un ambiente que solo se encuentra allí de carteles encendidos, coches, motos y bicis por todos lados, gente andando, charlando, pequeños puestos ambulantes de comida, tiendecitas de ropa... ¡Cuánto lo había echado de menos! Tuve que contenerme para que no se me escaparan algunas lagrimillas de emoción.

El colchón es lo que se ve.
Llegamos a la universidad y cuando me enseñaron mi cuarto me quedé con la boca abierta; las habitaciones además de ser individuales, lo que no me esperaba para nada ya que en China siempre me habían asignado compañera de cuarto en la universidad, eran eran enormes. Tenían baño incluido y 10000 dólares taiwaneses (1 € = 40 NTW aprox.) gratis de electricidad para todo la estancia. Lo único que me dejó un poco en shock fue la cama, un futón del grosor de cuatro dedos. Me tuve que acostumbrar a sentarme con cuidado porque al principio me tiraba a la cama con todo el peso de mi cuerpo y veía las estrellas con el impacto. Después de unos días nos dimos cuenta de que la gente cuando se iba de la residencia dejaban en el descansillo del ascensor las cosas que no querían para que a otros las cogieran. Así que después de ver varios días un futón sin padre ni madre ahí tirado, no pude superar la tentación y me lo llevé a mi cuarto. Lo puse debajo del futón original y dormí como una reina durante las cinco semanas restantes.

Al día siguiente tocaba «excursión» por el campus y comida con toda la gente del curso.

La biblioteca principal de la NTU. Fotografía de Steven Yang.



viernes, 18 de julio de 2014

Taiwán: comida, comida everywhere


Si hay algo de lo que los taiwaneses no se privan es de la comida. Ya me lo habían advertido antes de venir pero he podido comprobar, para mi regocijo, que es cierto.

Tan solo al lado de mi universidad (NTU o 台大), hay dos calles repletas de pequeños restaurantes, puestos de frutas, tiendas de tés y cafeterías. Y si andas unos 5 minutos se llega a otra calle que es un mercado nocturno de comida callejera 夜市 propiamente dicho.

Aquí os dejo algunas fotos para que se os caiga la baba y me odiéis mucho. :P

龙虾 Langosta.

Sopa con fideos y ternera al estilo de Shandong

曼果冰 Esto siempre lo había visto en las fotos y nunca había entendido qué podía ser. Pues es muy simple. Lo de arriba es mango, o cualquier otra fruta o habichuelas rojas, y lo de abajo es ¡NIEVE! o hielo rallado. Luego le ponen leche condensada por encima y .... ¡ñam!

En el viaje que hicimos a Yilan nos trataron MUY bien. Lo del frente, de dudoso aspecto al principio resultó ser una carne de cerdo buenísima, lo de atrás del todo era cangrejo, a la derecha pato y luego se puede ver un plato con col y más platos con mariscos, muy de la zona.
Una de las calles que os comentaba llena de restaurantes.


Hace una semana nos llevaron a Shilin Market 士林夜市 un mercado nocturno de dimensiones bestiales. En esta foto podéis ver a la gente haciendo cola para comprar el famoso pollo frito especialidad de Taiwán.

Fruta que no falte.

Comiendo dumplings 水饺 y 蛋炒饭 arroz frito con huevo en un restaurante al lado de la residencia.

Este día fuimos a un restaurante muy típico de taipei en el que los platos son baratísimos 2,5€ más o menos y en el que es costumbre beber cerveza y, según nos contaron, cerrar negocios. Mis compañeros de clase Sami y Jiye al fondo.
Calamares a la plancha con una pinta... No me voy de Taiwán sin probar esto.
Visto en mercado nocturno de Keelung.
Dragon fruit y papaya.
Comida de Sichuan, lo de delante es tofu.
Y porque no solo de comida vive el hombre... 
Pancakes con mantequilla de cacahuete. DIOS MÍO, ¡VOY A VOLVER RODANDO!


Siento mucho no haber escrito antes, nos tienen muy liados con deberes y con actividades varias. Además me han estado enviando algunas traducciones así que he tenido trabajo doble.

Os mando unos besotes muy grandes desde Taipei.

瑪麗